Durante milenios, los humanos han resuelto disputas con un simple juego de manos: piedra, papel y tijera. Pero esto no es sólo una peculiaridad humana. La evolución misma se basa en una dinámica similar, donde las especies se adaptan y compiten constantemente en un ciclo de dominancia, vulnerabilidad y oportunidad. Un nuevo estudio confirma que, incluso a nivel biológico, la vida funciona según un principio que se asemeja a este conocido juego.
La estrategia evolutiva del lagarto
El descubrimiento comenzó hace décadas con la investigación del biólogo Barry Sinervo sobre el lagarto común de California. Sinervo rastreó a estos lagartos durante años y observó un patrón peculiar en su comportamiento de apareamiento. Cada primavera, los lagartos machos desarrollaban uno de tres colores distintos de garganta: azul, naranja o amarillo. Estos colores no eran sólo estéticos: dictaban toda la estrategia de reproducción del lagarto.
- Machos naranjas: Luchadores agresivos que defienden agresivamente territorios y monopolizan a varias hembras. Dominan constantemente a los machos azules.
- Machos azules: Mantienen una sola hembra, defendiéndola de los machos naranjas pero vulnerable a tomas de control agresivas.
- Machos amarillos: Machos astutos y no territoriales que se cuelan en territorios para aparearse con hembras desatendidas.
Esto crea un ciclo natural: el naranja vence al azul (mediante la fuerza), el azul vence al amarillo (guardando) y el amarillo vence al naranja (escabulléndose de las defensas).
Por qué esto es importante
No se trata sólo de lagartos. La dinámica piedra-papel-tijera revela una verdad fundamental sobre la evolución. Las especies no están evolucionando en línea recta hacia lo “mejor”: cambian constantemente de estrategias para contrarrestarse entre sí. Esta presión constante impulsa la biodiversidad. Si una estrategia se vuelve demasiado dominante, surgirán otras para explotar sus debilidades.
El estudio destaca que la selección natural no se trata sólo de fuerza bruta o astucia, sino de equilibrar esos rasgos en el contexto de una competencia en constante cambio. Esta dinámica se extiende mucho más allá de los lagartos; Es probable que esté en juego en innumerables ecosistemas donde las especies compiten por sobrevivir.
En última instancia, el juego del lagarto demuestra que la competencia de la naturaleza no se trata sólo de la supervivencia del más apto: se trata de la supervivencia de los más adaptables.
