Durante más de 165 años, los científicos han debatido la identidad de los Prototaxites, un organismo colosal que dominó los primeros paisajes terrestres de la Tierra mucho antes de la aparición de los árboles. Una nueva investigación sugiere que esta imponente estructura, que alcanza hasta 8 metros (26 pies) de altura, no era un hongo masivo, como se creía anteriormente, sino que pertenecía a un linaje único y completamente extinto de vida compleja. Este descubrimiento redefine nuestra comprensión de los primeros ecosistemas terrestres y resalta lo poco que sabemos todavía sobre los primeros experimentos de la vida.
El enigma de un gigante pre-árbol
Las Prototaxitas aparecieron por primera vez hace entre 420 y 370 millones de años, durante los períodos Silúrico Superior y Devónico. Estos organismos fueron los primeros gigantes en colonizar la tierra, dejando atrás imponentes fósiles columnares. Su papel ecológico parece claro: fueron una parte importante del ecosistema terrestre primitivo, e incluso fueron consumidos por artrópodos antiguos. Sin embargo, determinar qué eran en realidad ha sido un enigma de larga data en paleontología.
El debate giraba en torno a si Prototaxites era un hongo extraño o algo completamente diferente. El gran tamaño y estructura del organismo desafiaban una fácil clasificación dentro de grupos de hongos conocidos. La pregunta importa porque nos obliga a reevaluar cómo se diversificó la vida en la tierra. ¿Estuvieron los primeros gigantes terrestres limitados a unas pocas vías evolutivas, o hubo muchas más formas experimentales perdidas en el tiempo?
Análisis de avances en Rhynie Chert
El último estudio, dirigido por el Dr. Corentin Loron y colegas de la Universidad de Edimburgo y los Museos Nacionales de Escocia, se centró en Prototaxites taiti, un espécimen notablemente bien conservado encontrado en el pedernal Rhynie de 407 millones de años de antigüedad en Escocia. Este sitio es extraordinario y preserva un ecosistema antiguo con un detalle excepcional. El equipo empleó técnicas avanzadas, incluidas imágenes microscópicas, espectroscopia infrarroja y aprendizaje automático, para comparar las Prototaxitas con otros fósiles del mismo período.
El examen microscópico reveló una organización interna diferente a todo lo visto en los hongos. Las prototaxitas contenían redes complejas de tubos, incluidas grandes estructuras con bandas y regiones esféricas únicas llamadas manchas medulares. Estas estructuras no coincidían con ninguna anatomía fúngica conocida. Fundamentalmente, el análisis químico mostró la ausencia de quitina, un componente clave de las paredes celulares de los hongos. El equipo tampoco logró detectar perileno, un biomarcador de pigmento que se encuentra comúnmente en hongos fósiles.
La evidencia química y estructural apunta a la extinción
La evidencia combinada estructural, química y de biomarcadores excluye decisivamente a los Prototaxites del reino fúngico. El equipo de investigación utilizó el aprendizaje automático para comparar la huella molecular de las Prototaxites con la de plantas, artrópodos, bacterias y hongos del pedernal de Rhynie. Los resultados fueron inequívocos: Prototaxites era distinto de todos estos grupos.
Como lo expresó el Dr. Sandy Hetherington, Prototaxites representa “vida, pero no como la conocemos ahora”. No era un hongo, ni una planta, ni nada más reconocido actualmente en el registro fósil. Más bien, parece haber sido un experimento evolutivo independiente para construir organismos grandes y complejos, un linaje perdido hasta la extinción.
El estudio concluye que los Prototaxites ocuparon su propia rama evolutiva, separada de cualquier grupo conocido. Esto significa que los primeros ecosistemas terrestres eran más diversos y experimentales de lo que se imaginaba anteriormente, y la vida exploraba múltiples caminos hacia el gigantismo antes de que surgieran los patrones familiares de los árboles y los organismos modernos.
En última instancia, este descubrimiento subraya cuánto aún se desconoce sobre la historia temprana de la vida en la Tierra y cómo se necesita una preservación excepcional para revelar toda la extensión de la biodiversidad del pasado.
