Cinco volcanes en Io, la luna de Júpiter, entraron en erupción simultáneamente, lo que sugiere una vasta red interconectada de magma debajo de su superficie. Las erupciones coordinadas, observadas por la nave espacial Juno de la NASA a finales de 2024, liberan más energía que cualquier actividad volcánica en la Luna previamente documentada. Este evento desafía los modelos existentes de la estructura interna de Ío y ofrece nuevas pistas para comprender su actividad geológica extrema.
Escala de erupción sin precedentes
Las recientes erupciones abarcaron un área de aproximadamente 65.000 kilómetros cuadrados, eclipsando eventos volcánicos anteriores en Ío. Los investigadores describen la escala como “terriblemente hermosa”, con lava llenando valles enteros en cuestión de momentos. La naturaleza simultánea de estas erupciones, con múltiples puntos calientes que se encienden a la vez, indica una fuente de magma compartida más profunda en lugar de focos aislados.
Repensando el interior de Io
Durante años, los científicos asumieron que Io poseía un océano global de magma debajo de su corteza. Sin embargo, estudios anteriores refutaron esta idea, dejando en el misterio el origen de erupciones tan masivas y coordinadas. Las últimas observaciones sugieren un modelo diferente: una “esponja de magma” formada por poros interconectados llenos de lava. Estos poros podrían actuar como reservorios, permitiendo que el magma acumule presión antes de estallar en múltiples sitios simultáneamente.
Implicaciones para la historia temprana de la Tierra
El vulcanismo extremo de Ío ofrece una ventana a las primeras etapas de la evolución planetaria. Las condiciones de la Luna reflejan las de la Tierra hace miles de millones de años, cuando la actividad volcánica era mucho más intensa. El estudio de la dinámica interna de Ío podría arrojar luz sobre los procesos que dieron forma a la historia geológica de nuestro propio planeta.
Investigaciones y desafíos futuros
Confirmar la hipótesis de la “esponja de magma” requiere más observaciones, que pueden verse limitadas a medida que Juno se aleja de Ío. Sin embargo, las implicaciones de este descubrimiento se extienden más allá de la propia Ío. Comprender cómo se comporta el magma en ambientes extremos puede refinar nuestros modelos de interiores planetarios, ofreciendo información sobre la evolución de los cuerpos rocosos en todo el sistema solar.
Los eventos volcánicos coordinados en Ío demuestran que incluso los cuerpos planetarios aparentemente bien estudiados todavía pueden sorprendernos. Resolver el misterio de la estructura interna de Ío puede desbloquear una comprensión más profunda de cómo los planetas (incluido el nuestro) se forman y evolucionan con el tiempo.
