La seda no es sólo hilo. Es un material de construcción biológico producido por ciertos insectos. Lo utilizan para construir capullos y redes. En el mundo comercial, el término se refiere casi en su totalidad al filamento de los capullos hechos por orugas del género de polillas Bombyx. Estos son los animales que comúnmente llamamos gusanos de seda.
La estructura del material es distinta. Cada capullo contiene un único filamento continuo. Para cosecharlo, los productores ablandan el capullo en agua. Localizan el final de ese filamento. Luego desenrollan simultáneamente los filamentos de varios capullos. A veces se aplica un ligero giro. Esto crea una hebra unificada.
Cómo se procesa la seda
El proceso de fabricación implica un paso llamado lanzamiento. Aquí se retuercen varios hilos muy finos. El objetivo es crear hilos más gruesos y resistentes. Este refuerzo mecánico hace que el producto final sea lo suficientemente duradero para uso industrial.
La seda tiene una historia profunda. Fue descubierto en China antes del 2700 a.C. El secreto de su producción estuvo celosamente guardado durante milenios. Este secreto no se trataba sólo de ganancias. Se trataba de control. Junto con el jade y las especias, la seda se convirtió en el principal producto comercializado a lo largo de la Ruta de la Seda. Las rutas comerciales se expandieron significativamente a partir del año 100 a.C.
Competencia sintética y uso moderno.
El panorama del mercado cambió después de la Segunda Guerra Mundial. El nailon y otras fibras sintéticas comenzaron a sustituir a la seda en muchas aplicaciones. Hoy en día no encontrarás mucha seda en los paracaídas. Tampoco en la mayoría de las medias o el hilo dental. Estas alternativas sintéticas ofrecieron consistencia y costos más bajos.
Sin embargo, la seda sigue siendo un importante material de lujo. Todavía se prefiere para ropa y muebles para el hogar de alta gama. La demanda persiste a pesar de la disponibilidad de sustitutos más baratos.
China todavía domina la producción. Allí todavía se produce más del 50% de la seda del mundo. El país se aferra a esta antigua industria mientras el resto del mundo avanza hacia los sintéticos. La textura y el brillo de la seda real son difíciles de replicar a la perfección. Esa brecha mantiene vivo el mercado.