Durante cientos de millones de años, la narrativa predominante de la historia marina ha sido la del dominio de los vertebrados. Desde enormes tiburones hasta colosales reptiles marinos, los “lugares superiores” en la cadena alimentaria del océano estaban reservados casi exclusivamente para animales con columna vertebral. Sin embargo, una nueva investigación publicada en la revista Science desafía esta suposición arraigada desde hace mucho tiempo, sugiriendo que cefalópodos masivos y de cuerpo blando alguna vez gobernaron los océanos del Cretácico junto con, y tal vez incluso rivalizaron, con los reptiles más temidos de la época.
Desafiando el monopolio de los vertebrados
Tradicionalmente, los paleontólogos veían a los grandes invertebrados como actores de nivel medio en el ecosistema: criaturas que a menudo eran presa de vertebrados más grandes en lugar de cazadores mismos. Esta opinión se debió en gran medida al hecho de que la mayoría de los grandes invertebrados antiguos, como los amonites, dependían de caparazones pesados para protegerse.
El camino evolutivo del pulpo fue diferente. Al cambiar caparazones pesados y protectores por cuerpos blandos, estos cefalópodos obtuvieron una ventaja evolutiva decisiva: movilidad sin precedentes, visión superior y alta inteligencia. Este estudio, dirigido por el profesor Yasuhiro Iba de la Universidad de Hokkaido, revela que esta agilidad les permitió crecer hasta proporciones aterradoras.
La evidencia en el hueso, o la falta de ella
Debido a que los pulpos carecen de esqueletos duros, encontrar evidencia fósil de ellos es muy difícil. La mayoría de los investigadores se basan en la única parte dura del animal: el pico (o mandíbula).
Utilizando técnicas de “minería digital de fósiles”, el equipo de investigación identificó 15 grandes mandíbulas fósiles de sedimentos del Cretácico en Japón y la isla de Vancouver, junto con 12 mandíbulas adicionales de pulpos con aletas. Estos especímenes llevaron a la identificación de dos especies principales: Nanaimoteuthis jeletzkyi y Nanaimoteuthis haggarti.
La escala de estas criaturas es asombrosa:
– Tamaño: Individuos de N. haggarti alcanzó longitudes de hasta 19 metros (62 pies).
– Comparación: Con este tamaño, estos pulpos rivalizaban con los reptiles marinos gigantes que compartían sus aguas.
– Estado: Representan potencialmente los invertebrados más grandes jamás descritos en el registro fósil.
Trituración de conchas y huesos
El avance más significativo de este estudio no fue sólo el tamaño de los animales, sino también los patrones de desgaste encontrados en sus mandíbulas.
En los ejemplares más jóvenes y más pequeños, las mandíbulas eran afiladas y bien definidas. Sin embargo, en los adultos más grandes, las mandíbulas mostraban un gran embotamiento y redondeo. Este desgaste es una “pistola humeante” biológica, que indica que estos animales no estaban simplemente carroñeando; eran carnívoros activos que habitualmente utilizaban sus poderosos picos para aplastar caparazones y huesos duros.
Esto sugiere un método de caza sofisticado:
1. Agarrar: Usar brazos largos y flexibles para capturar presas.
2. Desmantelamiento: Uso de mordiscos poderosos y de alta presión para derribar a las víctimas blindadas.
3. Inteligencia: Este complejo comportamiento depredador es un sello distintivo de la inteligencia avanzada de los cefalópodos.
Por qué esto es importante para la evolución marina
Este descubrimiento cambia nuestra comprensión de cómo evolucionan los superdepredadores. Sugiere que el “modelo” de un depredador de primer nivel (mandíbulas poderosas combinadas con la falta de un esqueleto externo pesado ) no es exclusivo de los vertebrados.
La pérdida de un esqueleto superficial, que podría parecer una vulnerabilidad, en realidad facilitó el crecimiento de cazadores masivos e inteligentes al permitir un mayor movimiento y un uso más eficiente de la energía. Esta investigación demuestra que durante un período significativo de la historia de la Tierra, los cazadores más formidables del océano no fueron sólo los gigantes con columna vertebral, sino los gigantes de las profundidades, altamente inteligentes y de cuerpo blando.
“Este estudio proporciona la primera evidencia directa de que los invertebrados podrían evolucionar hasta convertirse en depredadores gigantes e inteligentes en ecosistemas que han estado dominados por vertebrados durante aproximadamente 400 millones de años”. — Profesor Yasuhiro Iba
Conclusión: Al analizar el desgaste de las mandíbulas fosilizadas, los investigadores han demostrado que los pulpos gigantes del Cretácico no eran meros espectadores, sino sofisticados depredadores superiores que ocupaban los niveles más altos de la red alimentaria marina.


























