La microbiología no es sólo el estudio de los gérmenes. Es el escrutinio científico de los microorganismos: un grupo diverso y caótico de formas de vida simples que incluyen protozoos, algas, mohos, bacterias y virus. El campo profundiza en su estructura. Mapea su función. Los clasifica. Y descubre cómo controlar o aprovechar sus actividades.
Los cimientos se colocaron a finales del siglo XIX. Louis Pasteur y Robert Koch hicieron entonces el trabajo pesado. Ellos establecieron la línea de base. Desde aquellos primeros días, el panorama ha cambiado dramáticamente. Se han identificado muchos microorganismos que causan enfermedades. Se han desarrollado medios para controlar sus efectos nocivos. Ya no nos limitamos a verlos destruir; nosotros los detenemos.
Pero la historia no termina con la enfermedad.
Hay un lado enorme de esta ciencia. Implica canalizar actividades microbianas en beneficio de la medicina, la industria y la agricultura. Considere los moldes. Producen antibióticos. La penicilina es el ejemplo más famoso. Sin esta interacción específica entre los hongos y la química, la medicina moderna parece muy diferente.
El alcance se extiende más allá. Toca la bacteriología. Se fusiona con la ingeniería genética. Lo diminuto impulsa lo enorme.
























