No encontrarás un pingüino mirando hacia atrás en esta imagen. En cambio, estás viendo las desordenadas consecuencias de su almuerzo.
Los satélites ahora pueden espiar los hábitos alimentarios de los pingüinos Adelia que viven en las Islas Peligrosas de la Antártida. No viéndolos cazar. Pero observando dónde hacen caca.
Al menos indirectamente.
Los científicos están utilizando Landsat 8, una nave espacial dirigida por la NASA y el Servicio Geológico de Estados Unidos, para monitorear estas aves desde el espacio. Realizan un seguimiento de los cambios en la población de pingüinos Adelia y su dieta analizando el color del guano que tiñe el hielo.
Los resultados son sorprendentes. Grandes extensiones de la isla Heroína y la isla Beagle están salpicadas de excrementos de color naranja rosado.
Esto no es suciedad. Es comida.
Los pingüinos locales comen una dieta muy rica en krill. Estos pequeños crustáceos marinos se alimentan de un tipo específico de algas. Esas algas tiñen sus caparazones de un color rosa brillante. Cuando los pingüinos digieren el krill, ese color permanece. El guano actúa como un registro biológico de lo que ha estado comiendo la colonia.
¿Por qué esto importa?
La tinción de color rosa brillante se destaca claramente contra el hielo blanco y la roca oscura en las imágenes de satélite. Este contraste permite a los investigadores localizar colonias de pingüinos a 438 millas (unos 705 kilómetros) de distancia. Pero no se limitaron sólo a la observación del espacio.
Una vez que Landsat-8 marcó las ubicaciones probables, los equipos acercaron los drones. Recolectaron muestras reales. ¿El objetivo? Para verificar qué comían las aves a lo largo del tiempo. Los excrementos contienen evidencia de sus patrones dietéticos a largo plazo.
Ahora, los investigadores están combinando estas imágenes satelitales con muestras físicas para obtener una imagen más amplia. Quieren saber cómo el cambio climático afecta la red alimentaria. Específicamente, cómo las condiciones cambiantes del hielo marino afectan la disponibilidad de krill. Si el hielo se derrite, las algas cambian. Si las algas cambian, el krill se mueve. Y si el krill se mueve, los pingüinos mueren de hambre o cambian su dieta por completo.
El seguimiento de estos cambios desde la órbita brinda a los científicos una visión más amplia y frecuente de la que los equipos terrestres por sí solos podrían lograr. Conecta las algas microscópicas con las enormes capas de hielo en tiempo real.
¿Existe una forma más limpia de monitorear la salud del ecosistema? Probablemente no. La mancha rosada en el hielo cuenta una historia sobre la química del océano, la capa de hielo y la supervivencia de las aves que ningún termómetro puede captar por sí solo.
El hielo no miente. Pero necesita ayuda para leerlo.


























